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Duración
72 minutos
Dirección
Museo del Prado. Paseo del Prado, s/n. Madrid
Localización
Primera planta. Salas 10, 11, 12, 14, 15 y 15A.
Entramos al museo por la Puerta de los Jerónimos, cogemos el ascensor hasta la primera planta y de ahí vamos hacia la izquierda, llegando directamente a la sala 11 –la que veremos en segundo lugar– pero continuando hasta la sala 10 para empezar. La visita la haremos de forma orgánica pasando de forma ordenada de sala a sala.
De las ciento veinte piezas catalogadas de Velázquez (Sevilla, 1599 – Madrid, 1660), cincuenta están en el Museo del Prado, incluyendo obras maestras como las Villas Médici, Las Meninas –alma del museo y probablemente el mejor cuadro jamás pintado– y Las hilanderas. Su pintura aúna maestría técnica, renovación conceptual y psicología de sus personajes, y sirvió como revulsivo de las vanguardias.
Velázquez es indiscutiblemente uno de los grandes maestros de la historia del arte occidental, con una obra caracterizada por una pincelada suelta, vibrante, de gran modernidad, y por la construcción psicológica de unos personajes que habitan el espacio, que viven. Además, algunas de sus piezas cambiaron determinados paradigmas de la pintura europea considerados como inamovibles desde el más temprano renacimiento, dando un giro completo a la idea del cuadro como “ventana” a la realidad artística e incluyendo al espectador, que se convierte en protagonista en Las meninas.
La colección del Museo del Prado nos permite hacer un recorrido completo por su trayectoria, desde obras tempranas de su etapa sevillana, como La adoración de los reyes magos (1619), hasta las últimas piezas que realiza antes de su muerte, como Las hilanderas (1657). Así, pasaremos del naturalismo inicial de su formación sevillana, hasta la construcción de un tipo de obras donde la soltura de las pinceladas se hace abstracta y donde da un enfoque intelectual completamente distinto a su pintura.
Como pintor de corte de Felipe IV, Velázquez era muy poco conocido por el gran público cuando el Museo del Prado abrió sus puertas en 1819. Fue Édouard Manet quien, al visitar Madrid y el Prado en 1865, lo descubre internacionalmente definiéndolo, con gran justicia, como “pintor de pintores” y calificando su pincelada de “pintura pura”. Desde ese momento no ha dejado indiferente a ningún artista, provocando profundos cambios en algunos de los grandes maestros del siglo XX, como Pablo Picasso o Francis Bacon. ¡Anímate a descubrir con Musea por qué!

