Colección Permanente

Obras maestras del Museo del Prado

Museo del Prado

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La audioguía estará disponible durante 72 horas desde su compra.

Duración

90 minutos

Dirección

Paseo del Prado, s/n. Madrid

Localización

Planta baja: salas 49, 56B, 55B, 56, 58, 58A y 57. Primera planta: salas 9B, 8B, 11, 12, 27, 29 y 32.

Para empezar, entramos al museo por la Puerta de los Jerónimos y nos dirigimos hacia la conexión con el edificio Villanueva. Pasamos los ascensores en dirección a las salas 47-75. Empezaremos, a la derecha, en la sala 49 dedicada al renacimiento italiano del siglo XVI.

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El Museo del Prado, inaugurado en 1819, está considerado la mejor pinacoteca del mundo. Sus colecciones, difíciles de igualar por su calidad, extensión y coherencia, reflejan el gusto y el afán coleccionista de los sucesivos monarcas españoles a lo largo de cinco siglos de historia. Su origen ilustrado y su evolución histórica lo convierten en un tesoro cultural único en Europa.

El recorrido que planteamos desde Musea no sigue un orden cronológico, sino que busca que nuestro paseo sea lo más fácil posible. Creemos que la historia del arte no necesita contarse en sentido lineal, por lo que nos permitimos ir dando pequeños saltos en el tiempo que nos harán disfrutar del arte de otra manera. Recomendamos coger un plano del museo en la entrada.

 

En la planta baja empezamos en la sala 49 con el fabuloso retrato de un Cardenal de Rafael y dos de sus Sagradas familias (La perla y la del cordero). En la vecina sala 56B, nos detendremos en La Anunciación de Fra Angelico y en las tres tablas de Sandro Botticelli sobre la terrible Historia de Nastagio degli Onesti.

 

El cambio del estilo que implica el Renacimiento alemán lo vemos claramente en la sala contigua, la 55B, con el Autorretrato de Durero y sus monumentales tablas de Adán y Eva, que comparamos con las características netamente germánicas de Hans Baldung Grien.

 

A continuación, antes de sumergirnos en la pintura flamenca de los siglos XV y XVI en las salas 58, 58A y 56A, comparamos, en la sala 56, dos hitos del retrato: el de La emperatriz Isabel de Portugal, de Tiziano, y el de María Tudor, reina de Inglaterra, de Antonio Moro.

 

Tras ver a van der Weyden, Hans Membling y El Bosco, subimos hasta la primera planta para cambiar de tercio de la mano de El Greco y sus obras para el Retablo mayor del Colegio de Doña María de Aragón, además del arquetípico Caballero de la mano en el pecho (salas 9B y 8B).

 

Con Velázquez cambiamos de siglo con dos obras emblemáticas, La fragua de Vulcano (sala 11) y el que es probablemente el mejor cuadro jamás pintado: Las meninas (sala 12). De ahí pasamos a la galería central con Tiziano y su retrato de Carlos V en la batalla de Mühlberg (sala 27), antes de enfrentarnos a la exuberancia de Rubens en dos piezas icónicas: La Adoración de los Magos y Las tres Gracias (sala 29).

 

Rematamos nuestro paseo con Goya y su Familia de Carlos IV, que resume las mejores características de su pintura y que deja abierta la puerta al siglo XIX.